



Jensen Huang, cofundador y CEO de Nvidia, afirmó que prefiere someter a presión intensa a sus empleados antes que despedirlos. La declaración revela un estilo de liderazgo controversial pero definido, centrado en maximizar el potencial individual.
El dirigente expresó que “no me gusta despedir a nadie: prefiero torturarte hasta que consigas tus objetivos”, lo que ha generado tanto admiración por su visión como críticas por la alta exigencia de su cultura empresarial.
La compañía opera bajo una estructura horizontal con unos 60 empleados reportando directamente a Huang. Él envía cientos de correos diarios y exige actualizaciones constantes. A pesar del entorno exigente, la rotación de personal anual es menor al 5%, y no han hecho despidos desde 2008.
Huang justifica su postura señalando que, despedir a alguien implica rendirse ante el potencial de esa persona.
Él prefiere seguir presionando porque “muchos están tan cerca de la grandeza”, y rendirse justo antes sería perder esa oportunidad.
Empleados, actuales y ex, reconocen que aunque trabajan bajo presión, muchos admiran a Huang. Varios lo describen como un mentor exigente, emocional y profundamente comprometido con cada detalle técnico y humano del proyecto.
Bajo este enfoque, Nvidia se convirtió en la primera empresa con capitalización de mercado de 4 billones de dólares en junio de 2025. Su innovación constante ha llevado a que el equipo directivo genere más multimillonarios que cualquier otra empresa del país.
Mientras algunos celebran su visión, otros advierten sobre riesgos de burnout derivados del ritmo laboral intenso. Artículos recientes invitan a reconsiderar la cultura del trabajo extremo y su compatibilidad con bienestar a largo plazo.
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Aunque el modelo ha dado resultados en el contexto de alta innovación de Silicon Valley, aplicar un enfoque similar en empresas mexicanas puede ser contraproducente sin una red de apoyo, motivación intrínseca y compensaciones adecuadas para mantener al equipo comprometido.
El modelo de Jensen Huang ha rendido frutos: innovación, liderazgo global en IA y empleados con acciones millonarias.
Sin embargo, también plantea una reflexión sobre los límites éticos del liderazgo y la necesidad de equilibrar presión con soporte emocional.
Su éxito sugiere que para liderar en alta tecnología es necesario demandar mucho, pero no a costa del bienestar humano o el agotamiento silencioso.