



Elon Musk oficializó la creación del “America Party”, una nueva fuerza política que marca un rompimiento definitivo con Donald Trump y abre un nuevo capítulo en la política estadounidense.
Este nuevo partido no solo amenaza con dividir al electorado conservador rumbo a las elecciones de 2026, sino que podría poner en riesgo los contratos federales de Tesla y SpaceX, pilares del imperio Musk.
El anuncio de Elon Musk sobre la formación del “America Party” se dio tras semanas de tensión con Donald Trump, quien lo acusó de traición política en su red Truth Social. Musk justificó la decisión alegando que “ni los demócratas ni los republicanos representan ya al ciudadano promedio estadounidense”.
Trump no tardó en responder, advirtiendo que, de volver a la presidencia, revisará los contratos gubernamentales con las empresas de Musk. Estas declaraciones generaron preocupación entre inversores, pues SpaceX depende de contratos con la NASA y el Pentágono, y Tesla ha recibido incentivos fiscales para la transición energética.
Tesla podría enfrentar una reducción en subsidios federales para vehículos eléctricos, mientras SpaceX arriesga su posición como proveedor estratégico del gobierno. La Bolsa reaccionó con caídas moderadas para ambas empresas tras el anuncio, reflejando la inquietud del mercado ante una politización de los negocios de Musk.
Aunque Musk aclaró que no busca la presidencia, su nuevo partido apunta a disputar escaños clave en el Congreso. Esta estrategia podría dividir el voto conservador y debilitar al Partido Republicano, favoreciendo indirectamente a los demócratas en distritos disputados.
El caso más similar al de Musk es el de Ross Perot, quien en 1992 obtuvo el 19% del voto popular con su partido Reformista, sin ganar un solo estado, pero alterando el resultado final. En 1912, Theodore Roosevelt hizo algo similar con el Partido Progresista, aunque con mayor impacto inmediato.
Con millones de seguidores en X y acceso a capital privado, Musk tiene recursos que muchos terceros partidos han carecido.
Sin embargo, enfrentará los mismos retos estructurales: acceso a boletas estatales, alianzas locales y superar el escepticismo del votante promedio.
Mientras algunos sectores libertarios celebran la idea de un nuevo contrapeso político, otros ven con preocupación el conflicto de intereses entre los negocios de Musk y su participación directa en política. Grandes fondos como Azoria Partners han pedido claridad sobre la separación de roles entre el empresario y el político.
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La fundación del “America Party” por parte de Elon Musk no solo reconfigura el panorama electoral estadounidense, sino que tensiona la relación entre política y negocios en uno de los mercados más influyentes del mundo. Si el conflicto con Trump escala, podríamos ver efectos económicos globales, desde la industria aeroespacial hasta el mercado de autos eléctricos. Lo que comenzó como un movimiento político podría terminar alterando los cimientos del capital tecnológico.