



La industria de la moda está en shock. Por primera vez, Vogue incluyó en su edición impresa de agosto 2025 un anuncio de Guess protagonizado por una modelo generada completamente con inteligencia artificial (IA). La campaña, creada por la agencia Seraphinne Vallora, muestra a una mujer rubia con rasgos “perfectos” que, según críticos, promueve estándares de belleza inalcanzables y amenaza el trabajo de modelos reales.
El detonante de la polémica fue la falta de claridad: el anuncio solo incluye una pequeña leyenda que indica su origen digital, lo que muchos consideran publicidad engañosa. Además, figuras como Sara Ziff, fundadora de Model Alliance, alertan sobre el impacto laboral:
“La IA puede ser innovadora, pero debe haber protecciones para los trabajadores”, dijo Ziff en declaraciones recogidas por la BBC.
Mientras tanto, las creadoras de la modelo virtual defienden su trabajo: “No es diferente a usar supermodelos retocados“, señalaron desde Seraphinne Vallora.
Este caso reabre el debate sobre ética digital, inclusión y el futuro de una industria que ya lucha contra el photoshop y la presión por la perfección.
La modelo rubia que aparece en el anuncio de Guess no es una persona real, sino un avatar hiperrealista desarrollado por Seraphinne Vallora, una agencia especializada en IA.
Según sus fundadoras, Valentina González y Andreea Petrescu, el proceso tomó un mes e involucró a cinco empleados. El resultado: una mujer con rasgos simétricos, piel impecable y un estilo que emula a las supermodelos de los 90, como Claudia Schiffer.
Pero la crítica no se hizo esperar. Usuarios en redes señalaron que la imagen refuerza estereotipos dañinos: “Ahora las mujeres competirán con alguien que no existe”, escribió una usuaria en X.
Expertos en salud mental, como Renzo Venturin, advierten que este tipo de contenido puede agravar trastornos de imagen corporal, aunque reconocen que el problema no es nuevo:
“La edición digital ya distorsionaba la realidad, pero la IA lo lleva a otro nivel”, dijo Venturín para el medio británico.
Guess y Vogue defendieron la campaña como una apuesta innovadora, pero la polémica crece. ¿Es justo que marcas usen IA para evitar costos de producción (fotógrafos, modelos, locaciones)?
Mientras, las creadoras insisten: “Solo reflejamos los estándares que ya existen”.
La campaña de Guess no es un caso aislado. Según Seraphinne Vallora, trabajar con IA es un negocio lucrativo: proyectos como este pueden costar hasta seis cifras: entre $100,000 dólares y casi un millón de dólares. Además la demanda crece, especialmente en marcas que buscan ahorrar en producciones y evitar conflictos con celebridades.
Sin embargo, la transparencia es el gran pendiente. A diferencia de influencers digitales como Lil Miquela (que se presenta como un avatar), el anuncio en Vogue no destacó su origen artificial, algo que usuarios tildaron de engañoso.
“Si la modelo ni siquiera existe físicamente, ¿cómo confiar en la marca?”, cuestionó un consumidor citado por la BBC.
Las fundadoras de la agencia admiten otro problema: la falta de diversidad en sus portafolios. “Publicamos modelos morenas, pero no generan likes”, dijo González a la publicación.
Esta confesión revela cómo los algoritmos de redes perpetúan ciertos cánones de belleza por encima de otros. Para Sara Ziff, esto exige regulación: “La moda debe equilibrar innovación con responsabilidad”.
La polémica trasciende a Guess y Vogue. Desde 2023, desfiles como el AI Fashion Week, influencers virtuales con millones de seguidores y hasta un concurso de belleza para modelos IA, demuestran que la tendencia llegó para quedarse. Pero su avance genera preguntas incómodas: ¿Reemplazará a fotógrafos, estilistas y modelos?
Algunos argumentan que la tecnología agiliza procesos, pero otros, como la exeditora de Vogue Anna Wintour, defienden el valor de lo humano. “Sin fotos reales, la moda pierde alma”, escribió un usuario, mientras circulan ediciones pasadas de la revista con trabajos icónicos de Steven Meisel o Mario Testino.
Guess insiste en que esto es solo un experimento, no una sustitución. No obstante, la industria ya enfrenta un dilema: abrazar la IA puede ser rentable, pero ¿a qué costo social? Mientras, las modelos reales piden protecciones laborales, y los lectores de Vogue se preguntan si en el futuro verán rostros reales o solo algoritmos.
La polémica está servida y más caliente que nunca. La inclusión de modelos de IA en Vogue marca un punto de inflexión para la moda, pero también expone sus contradicciones: ¿innovación o deshumanización?
Mientras Guess y Seraphinne Vallora celebran su campaña “revolucionaria”, la presión por regulaciones claras crece. Una cosa es segura: la tecnología avanza, pero el público aún valora la autenticidad. ¿Logrará la industria equilibrar ambos mundos? Por ahora, la polémica sigue en portadas.