



Mark Zuckerberg ha transformado poco a poco su residencia en Crescent Park, Palo Alto, en un complejo privado que abarca al menos 11 casas, mientras mantiene tensiones con vecinos por obras, seguridad intensiva y una escuela en el lugar.
Además del polémico uso residencial, según reporta El País, Zuckerberg ha operado un modesto “homeschool pod” sin permisos oficiales y ha intentado apaciguar al vecindario con obsequios como vino, donas y audífonos con cancelación de ruido.
Desde 2011, Zuckerberg ha gastado más de 110 millones de dólares en adquirir al menos 11 propiedades en Crescent Park, Palo Alto, utilizando entidades legales y acuerdos de confidencialidad. El resultado es un vasto complejo que incluye mansión principal, casas de invitados, jardines, cancha de pickleball, piscina y una estatua de su esposa Priscilla Chan.
Debajo del complejo se excavaron 650 m² en sótanos, que los vecinos apodaron como “búnkeres” o la “cueva del murciélago”, construcciones que han sido acompañadas de ruido y maquinaria por más de ocho años.
Zuckerberg y su esposa operaron un “home-school pod” en una de las casas, con 14 alumnos y seis adultos, sin los permisos exigidos por el código local, que prohíbe escuelas residenciales sin empleados viviendo en el sitio o con tráfico generado que supere lo residencial.
El complejo está rodeado de vigilancia intensa: cámaras que, según los vecinos, apuntan a propiedades aledañas; guardias de seguridad preguntando a visitantes; y medidas como calles bloqueadas para eventos privados, lo que ha generado un fuerte malestar vecinal.
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En un intento de mitigar molestias, Zuckerberg ha ofrecido regalos: vino, chocolates, donas y audífonos anti-ruido. También migró sus vehículos de seguridad a modelos eléctricos silenciosos y ofreció carritos de helado durante eventos para suavizar el ambiente, aunque muchos vecinos consideran el gesto insuficiente.
Habitantes como Michael Kieschnick critican que “ningún barrio quiere ser ocupado, pero eso es lo que han hecho”. Los vecinos aseveran que llegada y expansión de Zuckerberg ha provocado pérdida de identidad comunitaria, que antes estaba marcada por convivencia cercana y armonía.
Algunos concejales locales aseguran que Zuckerberg ha aprovechado vacíos legales e inclusó ha evitado audiencias públicas.
Ante esto, se prepara legislación para evitar que Crescent Park se convierta en una “ciudad dorada y amurallada” fuera del alcance ciudadano.
La expansión del complejo de Mark Zuckerberg en Palo Alto es un claro ejemplo de cómo el poder económico puede alterar el tejido comunitario y generar tensiones con normativas locales. Para los ciudadanos, los esfuerzos vecinales y el escrutinio público pueden servir de freno frente a desarrollos privados excesivos y promover un equilibrio entre seguridad, privacidad y vida en comunidad.